Education of the Heart: Discovering who we really are and all that God has already done in us

Integral Development of the Person

Mother Cabrini wrote to the students of the Magisterium Institute:

If every child who has been entrusted to us in our schools… if we not only instruct his mind, but educate his heart…

My good daughters, make not only a school of literature, science, mathematics, history, but also a school of customs, of Christian moral soda, and in this way you will have made a great service, not only to religion, but to your homeland…” (Letter to the Pupils of the Institute of the Rome Magisterium , Chicago, February 1906).

The symbol of the Heart (to which I would like to dedicate a separate article) points directly to the most intimate and integral part of the person. Beyond the words that are meaningful at a time, Mother Cabrini indicates how education should have as focus the integral development of the person. And this, I believe, is something that will always remain in force, regardless of the purpose to which our educational systems will tend in the future… “school” can disappear, but not education. It is an extremely broad subject and there is a lot of good literature dealing with it. In this brief reflection, I would like to refer only to three aspects that seem to me particularly important.

 

Education of the Heart in Affirming Identity

Firstly, an anthropological view is at issue here. In the West, dualism has its roots in a distant past to be minimized.  The Christian tradition, for its principles and its practice, has conceived the human being “divided in two parts”, body and soul, it has also has given him a moral, let him identifying the good with the spiritual part and, the body with the place of the senses, of emotions, of pleasure, or rather of evil, of what is obscure and suspicious, which must therefore be hidden, dominated, repressed….For this reason we must emphasize strongly that we come from the hands of God, and that we are made in His image and likeness (Gen 1:26-27), therefore, “very good” as written in the Genesis book (Gen 1:31).  Our body, together with all creation, is called and anxiously awaits redemption (Rom 8:19-23).

 

Education of the Heart in Creating Community

Secondly, there is also a clear conviction of the community. Just as the family is the primary educator of every human being, the school is also called to collaborate in this task. The whole school, as a community, has the principal task of educating through a network of relationships where everyone grows integrally thanks to the experiences and life of community…

“We need to make all our institutions better equipped to be more welcoming to young people, since so many have a real sense of being orphaned. Here I am not referring to family problems but to something experienced by boys and girls, young people and adults, parents, and children alike. To all these orphans – including perhaps ourselves – communities like a parish or school should offer possibilities for experiencing openness and love, affirmation, and growth.  In a word, to create a “home” is to create “a family”. “It is to learn to feel connected to others by more than merely utilitarian and practical bonds, to be united in such a way as to feel that our life is a bit more human.” Papa Francesco, Christus vivit, 216-217

 

Education of the Heart in Empowering us to Fulfill our Vocation of Love

Finally, I want to explicitly consider a possible risk. Education can also be an instrument of manipulation, indoctrination, subjugation and control, adaptation to a certain “status quo”, in short, domination and creation of dependence. Therefore, we cannot but consider the centrality of the Heart of Jesus in Mother Cabrini’s life and, in what she meant by “Education of the Heart”.   The Heart of Jesus, symbol of God’s love, “center of the center” of every Christian reference, speaks to us of the sacredness of our heart, that is, about how sacred we are.   Jesus “loved with the heart of a man” (Gaudium et Spes, 22). In him is revealed our condition as children of God, but also the possibility of loving like him: “I give you a new commandment: that you love one another; as I have loved you” (Jn 13:34), because our heart is like His, because we are like Him. There is no greater proclamation of liberation than knowing and considering ourselves all “children of God”, called to the universal vocation of love. That is, being called to the full exercise of our freedom, as a path of personal fulfilment and as humanity.

 

Education of the Heart is what helps us to discover who we really are and all that God has already done in us, like Mary in the Magnificat: “My soul magnifies the Lord, great things the Almighty has done in me” (Lk 1:46.49).  Therefore Education of the Heart is what can help us, even in times of isolation, to free ourselves and put on wings.

Pablo Cicutti

 

Buenos Aires, Argentina, July 2020

Pablo Cicutti is a theologian, a layman, and has been accompanying the Cabrinian communities in Argentina theologically and pastorally since 1994. 

 

 

 

 


Educación del corazón: Descubrir quiénes somos realmente y todo lo que Dios ya ha hecho en nosotros

Desarrollo integral de la persona

Madre Cabrini escribía a las alumnas del profesorado: 

Si a cada niño que nos es confiado a nuestra escuela… si además de instruirle la mente, le educamos el corazón… 

Mis buenas hijas, hagan que su escuela no solo sea una escuela de literatura, de ciencias, de matemáticas, de historia sino de buenas costumbres y de fuerte moral cristiana, y de esta forma habrán dado un gran servicio no sólo a la religión sino también a la propia patria… (Carta a las alumnas del profesorado). 

 

El símbolo del corazón (que daría para un artículo aparte) apunta directamente a lo más íntimo e integrador de la persona. Más allá de las palabras propias de una época, queda claro que lo que está indicando Madre Cabrini, es que la educación debe tener como horizonte, justamente, el desarrollo integral de las personas. Y esto, creo, es algo que permanece y permanecerá vigente siempre, independientemente del destino que tengan concretamente nuestras instituciones educativas en el futuro… podrá desaparecer la institución “escuela”, pero no la educación. 

El tema es amplísimo y hay un montón de literatura muy buena que lo aborda. En esta breve reflexión, quiero referirme sólo a tres aspectos que me parecen particularmente importantes. 

La educación del corazón en la afirmación de la identidad

En primer lugar, aquí hay una concepción antropológica en juego. En el occidente, el dualismo ha hundido sus raíces demasiado profundamente como para que le restemos importancia a la hora de reflexionar sobre esta realidad. La tradición cristiana, no tanto en sus principios, pero sí, definitivamente en su práctica, ha considerado y enseñado al ser humano “partido en dos”, cuerpo y alma, y no sólo eso, sino que además de dividirlo, lo moralizó, de tal modo que terminó identificando lo bueno con lo espiritual y, por lo tanto, para el cuerpo, para los sentidos, para las emociones, para el placer, sólo quedó el lugar de todo lo malo, oscuro, sospechoso, que había que ocultar, dominar, reprimir… Por esto es que tenemos que enfatizar con mucha fuerza que venimos de las manos de Dios, y lo que somos, con todo lo que nos constituye como seres humanos, es imagen y semejanza de su ser (Gn 1,26-27), por lo tanto, entitativamente bueno,  en realidad, “muy bueno” en palabras del Génesis (Gn 1,31). También nuestro cuerpo, junto con toda la creación están llamados y esperan ansiosamente la redención (Rom 8,19-23). 

La educación del corazón en la creación de la comunidad

En segundo lugar, también hay una clara convicción comunitaria. Así como la familia es la primera educadora de todo ser humano, la escuela también está llamada a colaborar en esa tarea. La escuela toda, como comunidad, es la que principalmente educa, a través de un clima, de un entramado de relaciones donde todos van creciendo integralmente como resultado de las experiencias y la vida compartida… 

“En todas nuestras instituciones necesitamos desarrollar y potenciar mucho más nuestra capacidad de acogida cordial, porque muchos de los que llegan lo hacen en una profunda situación de orfandad… Me refiero a una experiencia que atañe por igual a niños, jóvenes y adultos, madres, padres e hijos. Para tantos huérfanos y huérfanas… la escuela debería ofrecer caminos de amor gratuito y promoción, de afirmación y crecimiento… Crear “hogar” en definitiva es crear familia; es aprender a sentirse unidos a los otros más allá de vínculos utilitarios o funcionales, unidos de tal manera que sintamos la vida un poco más humana…” (Papa Francisco, Christus vivit, 216-217). 

La educación del corazón para capacitarnos para cumplir con nuestra vocación de amor

Finalmente, quiero considerar explícitamente un riesgo posible. La educación también puede ser un instrumento de manipulación, de adoctrinamiento, de sujeción y control, de acomodación a un “statu quo” determinado, en fin, de dominación y dependencia. 

Por eso mismo, en tercer lugar, no podemos dejar de considerar la centralidad del Corazón de Jesús en la vida de Madre Cabrini y, por tanto, en lo que entendía por “educación del corazón”. El Corazón de Jesús, símbolo del amor de Dios, “centro del centro” de toda referencia cristiana, nos habla de lo sagrado de nuestros corazones, o sea, de lo sagrado que somos. Jesús “amó con corazón de hombre” (Gaudium et spes, 22). En él se nos revela, no sólo nuestra condición de hijos de Dios, sino la posibilidad de amar como él: “les dejo un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros como yo los amé” (Jn 13,34), porque nuestro corazón es como el suyo, porque somos como él… 

No hay proclama más grande de liberación que el sabernos y considerarnos todos “hijos de Dios”, llamados a la vocación universal del amor, esto es, el ejercicio más pleno de nuestra libertad, como camino de realización personal y como humanidad. 

 

La educación del corazón es, en definitiva, la que nos ayuda a descubrir lo que de verdad somos y todo lo que Dios ya hizo en nosotros, como María, en el Magníficat: “Mi alma canta la grandeza del Señor, porque él hizo en mí maravillas” (Lc 1,46.49). 

La educación del corazón, así entendida, es la que puede ayudarnos, aún en tiempos de aislamiento, a liberarnos y a desplegar nuestras alas. 

 

Pablo Cicutti 

Buenos Aires, Argentina, julio de 2020 

Pablo Cicutti es teólogo, laico y acompaña teológica y pastoralmente a las comunidades cabrinianas de Argentina desde 1994. 

 

 

 

 


Educazione del cuore: Scoprire chi siamo veramente e tutto ciò che Dio ha già fatto in noi  

Sviluppo integrale della persona 

Madre Cabrini scriveva alle alunne dell’Istituto di Magistero:

“Se ogni fanciullo che ci è affidato nelle nostre scuole…se oltre ad istruirgli la mente, gli educhiamo il cuore…

Mie buone figliole, fate che la vostra non solo sia una scuola di letteratura, di scienza, di matematica, di storia, ma di costumi, di soda morale cristiana, e avrete così reso un grande servigio, non solo alla religione, ma alla patria vostra…” (Lettera alle Alunne dell’Istituto di Magistero Convittrici in Roma, Chicago, febbraio 1906).

 

Il simbolo del cuore, (a cui vorrei dedicare un articolo a parte) punta direttamente alla parte più intima e integrante della persona. Al di là delle parole che acquistano significato in un’epoca particolare, è chiaro che Madre Cabrini indica come l’educazione debba avere un orizzonte, ovvero, lo sviluppo integrale della persona. E questo, credo, è qualcosa che rimane e rimarrà sempre in vigore, indipendentemente dallo scopo a cui le nostre istituzioni educative tenderanno di fatto nel futuro… l’istituzione “scuola” può scomparire, ma non l’istruzione.

L’argomento è decisamente ampio ed esiste molta buona letteratura che lo tratta. In questa breve riflessione, vorrei fare riferimento solo a tre aspetti che mi sembrano particolarmente importanti.

L’educazione del cuore nell’affermare l’identità

In primo luogo, qui è in discussione una visione antropologica. In Occidente, il dualismo affonda le sue radici troppo in profondità per poterne minimizzare l’importanza quando riflettiamo su questa realtà. La tradizione cristiana, non tanto nei suoi principi, ma sicuramente nella sua pratica, ha concepito l’essere umano “diviso in due”, corpo e anima, e non solo; oltre a dividerlo, lo ha anche moralizzato, in modo tale che ha finito per identificare il bene con la parte spirituale e, di conseguenza, il corpo è divenuto il luogo dei sensi, delle emozioni, del piacere, ovvero del male, di ciò che è oscuro e sospettoso, che deve pertanto essere nascosto, dominato, represso… Per questo dobbiamo sottolineare con forza che veniamo dalle mani di Dio, e ciò che siamo, con tutto ciò che ci caratterizza come esseri umani, è l’immagine e la somiglianza del suo essere (Gen 1,26-27), quindi, equamente buono, anzi, “molto buono” secondo le parole della Genesi (Gen 1,31). Anche il nostro corpo, insieme a tutto il creato, è chiamato e attende con ansia la redenzione (Rm 8,19-23).

L’educazione del cuore nella creazione di comunità

In secondo luogo, esiste anche una precisa convinzione della comunità. Così come la famiglia è l’educatrice primaria di ogni essere umano, anche la scuola è chiamata a collaborare a questo compito. La scuola intera, come comunità, ha il compito precipuo di educare attraverso un clima, una rete di relazioni dove tutti crescono integralmente grazie alle esperienze e alla vita di comunità…

“In tutte le nostre istituzioni dobbiamo sviluppare e potenziare molto di più la nostra capacità di accoglienza cordiale, perché molti giovani che arrivano si trovano in una profonda situazione di orfanezza.… mi riferisco ad un’esperienza che riguarda allo stesso modo bambini, giovani e adulti, madri, padri e figli. Per tanti orfani e orfane … la scuola dovrebbe offrire percorsi di amore gratuito e promozione, di affermazione e crescita… Fare “casa” in definitiva è fare famiglia; è imparare a sentirsi uniti agli altri al di là di vincoli utilitaristici o funzionali, uniti in modo da sentire la vita un po’ più umana…“(Papa Francesco, Christus vivit, 216-217).

L’educazione del cuore nel metterci in grado di realizzare la nostra vocazione d’amore

Infine, voglio considerare esplicitamente un possibile rischio. L’educazione può anche essere uno strumento di manipolazione, di indottrinamento, di assoggettamento e controllo, di adattamento a un certo “status quo”, insomma, di dominio e dipendenza. Ecco perché, in terzo luogo, non possiamo non considerare la centralità del Cuore di Gesù nella vita di Madre Cabrini e, quindi, in ciò che lei ha inteso per “educazione del cuore”. Il Cuore di Gesù, simbolo dell’amore di Dio, “centro del centro” di ogni riferimento cristiano, ci parla della sacralità del nostro cuore, cioè del sacro che siamo. Gesù “amò con il cuore di un uomo” (Gaudium et Spes, 22). In lui ci si rivela non solo la nostra condizione di figli di Dio, ma anche la possibilità di amare come lui: “Vi do un comandamento nuovo: che vi amiate gli uni gli altri; come io vi ho amato” (Gv 13,34), perché il nostro cuore è come il suo, perché siamo come lui… Non c’è annuncio di liberazione più grande che il sapere

e il considerarci tutti “figli di Dio”, chiamati alla vocazione universale dell’amore, cioè al pieno esercizio della nostra libertà, come cammino di realizzazione personale e come umanità.

 

L’educazione del cuore è, insomma, quella che ci aiuta a scoprire ciò che siamo veramente e tutto ciò che Dio ha già fatto in noi, come Maria nel Magnificat: “L’anima mia magnifica il Signore, grandi cose ha fatto in me l’Onnipotente” (Lc 1,46.49).

 

L’educazione del cuore, intesa in questo modo, è ciò che può aiutarci, anche in tempi di isolamento, a scioglierci e a mettere le ali.

Pablo Cicutti

Buenos Aires, Argentina, Luglio 2020

Pablo Cicutti è un teologo, un laico, e dal 1994 accompagna teologicamente e pastoralmente le comunità cabriniane in Argentina. 

 

 

 


 

Educação do Coração: Descobrindo quem realmente somos e tudo o que Deus já fez em nós

 

Desenvolvimento Integral da Pessoa

Madre Cabrini escrevia às alunas do Instituto do Magistério:

“Se toda criança que nos é confiada em nossas escolas … se além de educar sua mente, educamos seu coração …

Minhas queridas filhas, que a vossa não seja apenas uma escola de literatura, ciência, matemática, história, mas de costumes, de sólida moral cristã, e assim prestareis um grande serviço, não apenas à religião, mas à vossa pátria. … “(Carta aos alunos do Instituto de Magistério Convittrici de Roma, Chicago, fevereiro de 1906)

 

O símbolo do coração (ao qual eu gostaria de dedicar um artigo separado) aponta diretamente para a parte mais íntima e integral da pessoa. Além das palavras que adquirem significado em uma época específica, fica claro que Madre Cabrini indica como a educação deve ter um horizonte, isto é, o desenvolvimento integral da pessoa. E isso, acredito, é algo que permanece e sempre permanecerá em vigor, independentemente da finalidade para a qual nossas instituições educacionais realmente buscarão no futuro … a instituição “escolar” pode desaparecer, mas não a educação.

 

O tópico é decididamente amplo e há muita literatura boa que lida com ele. Nesta breve reflexão, gostaria de me referir apenas a três aspectos que me parecem particularmente importantes.

Educação do Coração na Afirmação da Identidade

Primeiro, uma visão antropológica está sendo discutida aqui. No Ocidente, o dualismo tem raízes muito profundas para minimizar sua importância quando refletimos sobre essa realidade. A tradição cristã, não tanto em seus princípios, mas certamente em sua prática, concebia o ser humano “dividido em dois”, corpo e alma, e não apenas; além de dividi-lo, também o moralizou, de modo que acabou identificando o bem com a parte espiritual e, consequentemente, o corpo passou a ser o lugar dos sentidos, emoções, prazer ou mal, do que é sombrio e não confiável, que deve, portanto, ser escondido, dominado, reprimido. É por isso que devemos enfatizar fortemente que viemos das mãos de Deus, e o que somos, com tudo o que nos caracteriza como seres humanos, é a imagem e a semelhança de seu Ser (Gn 1,26-27), portanto, razoavelmente boa, de fato, “muito boa” de acordo com as palavras de Gênesis (Gn 1,31). O nosso corpo também, junto com toda a criação, é chamado e aguarda ansiosamente a redenção (Rm 8,19-23).

Educação do Coração na Criação de Comunidade

Segundo, há também uma convicção clara da comunidade. Assim como a família é a principal educadora de todo ser humano, a escola também é chamada a colaborar nessa tarefa. Toda a escola, como comunidade, tem como principal tarefa educar em um clima, uma rede de relacionamentos em que todos crescem integralmente graças às experiências e à vida comunitária…

 

“Em todas as nossas instituições, precisamos desenvolver e fortalecer muito mais nossa cordial capacidade de acolhimento, porque muitos jovens que chegam se encontram em uma profunda situação de orfandade… Estou me referindo a uma experiência que diz respeito igualmente a crianças, jovens e adultos, mães, pais e filhos. Para muitos órfãs e órfãos … a escola deve oferecer caminhos de amor e promoção gratuitos, de afirmação e crescimento … Por fim, fazer um “lar” é formar uma família; é aprender a sentir-se unido com os outros além das restrições utilitárias ou funcionais, unido para sentir a vida um pouco mais humana…” (Papa Francisco, Christus vivit, 216-217).

Educação do Coração para nos Capacitar a Cumprir nossa Vocação de Amor

Finalmente, quero considerar explicitamente um possível risco. A educação também pode ser um instrumento de manipulação, doutrinação, sujeição e controle, adaptação a um certo “status quo”, enfim, dominação e dependência. Por isso, em terceiro lugar, não podemos deixar de considerar a centralidade do Coração de Jesus na vida de Madre Cabrini e, portanto, no que ela quis dizer com “educação do coração”. O Coração de Jesus, símbolo do amor de Deus, “Centro do centro” de toda referência cristã, fala-nos da sacralidade do nosso coração, isto é, do sagrado que somos. Jesus “amou com o coração de um

homem” (Gaudium et Spes, 22). Nele, revelamos não apenas nossa condição de filhos de Deus, mas também a possibilidade de amar como ele: “Eu vos dou um novo mandamento: que vos ameis; como eu vos amei” (Jo 13:34) ), porque nosso coração é como o dele, porque somos como ele … Não há maior anúncio de libertação do que o conhecer e o considerar-nos todos “filhos de Deus”, chamados à vocação universal do amor, ou seja, exercício pleno de nossa liberdade, como caminho de realização pessoal e como humanidade.

 

Em resumo, a educação do coração é o que nos ajuda a descobrir o que realmente somos e tudo o que Deus já fez em nós, como Maria no Magnificat: “Minha alma magnifica o Senhor, grandes coisas fez em mim, o todo-poderoso”. (Lc 1,46.49).

 

A educação do coração, entendida dessa forma, é aquilo que pode nos ajudar desprender e criar asas, mesmo em tempos de isolamento.

 

Pablo Cicutti

Buenos Aires, Argentina, Julho 2020

Pablo Cicutti è um teólogo, um leigo, e desde 1994 acompanha teológico e pastoralmente as comunidades cabrinianas na Argentina.

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