Politics and social networks

The unprecedented event that took place on 6 January in Washington continues – rightly – to be the focus of heated debates. Discussions concern every aspect of the raid on Capitol Hill, from the tragic consequences of the riots to the behaviour of the police and the symbolic value of the event. But a few days later, the side of the story that engages in the deepest reflections concerns its reflections in the world of social networks.

Specifically, the decision taken on 8 January by Twitter’s board of directors to permanently block outgoing president Donald Trump’s account ‘because of the risk of further incitement to violence’ has triggered numerous reactions around the world. Before expressing his support for the Washington attackers, Trump had already been the author of several controversial tweets, and his profile had nearly 89 million followers.

A similar, though less drastic, measure was taken by Facebook CEO Mark Zuckerberg, who decided to block the publication of content from Trump’s profile for a fortnight. The digital entrepreneur stated that he considered “simply too great a risk to allow the president to continue using our service during this period”, referring to the transition taking place until 20 January, the day of the inauguration of the new president Joe Biden.

The consequences of these censures against the tycoon have been manifold: while the shares of social networks have lost ground on Wall Street (on 11 January, Twitter closed down 6.4%, even reaching negative peaks of 11%, and Facebook was down 4%), other digital platforms less known to the general public, such as Reddit, Twitch and Discord, have decided to follow in the footsteps of the former, deactivating groups and channels frequented by Trump supporters and characterised by the use of aggressive language inciting hatred and violence.

However, this closure of the digital world to Donald Trump has raised several questions, the validity of which goes beyond the exceptional emergency scenario. First of all, is it right that social networks, private platforms owned by entrepreneurs, can censor a head of state? German Chancellor Angela Merkel reacted extremely harshly to this, condemning the blocking of Trump’s Twitter account and describing it as “problematic”. Her spokesman Steffen Seibert stated that “it is possible to interfere with freedom of expression, but within the limits defined by the legislator, and not by a decision of a company management”. The EU Commissioner for the Internal Market, Thierry Breton, was even more forceful, describing the incident as a watershed in the relationship between democracy and digital platforms, and comparing it to September 11, 2001. For the French politician, what happened “is not only a confirmation of the power of these platforms, but also shows deep weaknesses in the way our society is organised in the digital space”.

Nowadays, social networks are undoubtedly a fundamental communication tool in both the private and public sphere. For this reason, the fact that the managers of these tools have the power to exercise absolute control over their content is indeed worrying. The events following the attack in Washington are therefore a key opportunity to discuss a crucial issue that will become increasingly important in the years to come. A relatively young and constantly evolving world such as that of social networks certainly needs the development of transparent ad hoc rules for its regulation, as demonstrated by the lawsuit triggered in Italy in 2019 by the removal of some far-right Facebook pages for apologia to fascism.

And a good signal in this direction is represented for example by the Digital Services Act, a proposal for regulation for online content presented last 15 December by the European Commission. Freedom of expression remains one of the fundamental pillars of a democratic society, and adequate regulation of digital platforms is now essential for its defence.

by Giovanni Benedetti


El acontecimiento sin precedentes que tuvo lugar el 6 de enero en Washington sigue siendo -con razón- el centro de un acalorado debate. Las discusiones se refieren a todos los aspectos del asalto al Capitolio, desde las trágicas consecuencias de los enfrentamientos hasta el comportamiento de la policía y el valor simbólico del evento. Pero, unos días más tarde, el lado de la historia que se involucra en las reflexiones más profundas se refiere a sus reflejos en el mundo de las redes sociales.

Concretamente, la decisión adoptada el 8 de enero por la junta directiva de Twitter de bloquear permanentemente la cuenta del presidente saliente Donald Trump “por el riesgo de una mayor incitación a la violencia” ha provocado numerosas reacciones en todo el mundo. Antes de expresar su apoyo a los atacantes de Washington, Trump ya había escrito numerosos tweets controvertidos, y su perfil tenía casi 89 millones de seguidores.

Una medida similar, aunque menos drástica, también fue tomada por el CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, quien decidió bloquear la publicación de contenido del perfil de Trump durante dos semanas. El empresario digital declaró entonces que considera “simplemente un riesgo demasiado grande para permitir que el presidente continúe utilizando nuestro servicio durante este período”, refiriéndose a la transición en curso hasta el 20 de enero, día de la inauguración del nuevo presidente Joe Biden.

Las consecuencias de estas censuras contra el magnate han sido múltiples: mientras que las acciones de las redes sociales han perdido huelgas en Wall Street (el 11 de enero, Twitter cerró en un 6,4%, alcanzando picos negativos del 11%, y Facebook llegó a un 4% menos), otras plataformas digitales menos conocidas por el público en general, como Reddit, Twitch y Discordia, han decidido seguir los pasos de las primeras, desactivando grupos y canales frecuentados por los partidarios de Trump y caracterizados por el uso de un lenguaje agresivo e incitando al odio y la violencia.

Sin embargo, este cierre del mundo digital hacia Donald Trump ha planteado varias cuestiones, cuya validez va más allá del escenario de emergencia excepcional. En primer lugar, ¿es correcto que las redes sociales, plataformas privadas propiedad de empresarios, puedan censurar a un jefe de Estado? A este respecto, la reacción de la Canciller alemana Angela Merkel ha sido extremadamente dura, condenando el bloqueo de la cuenta de Twitter de Trump y calificándolo de “problemático”. Su portavoz, Steffen Seibert, declaró que “es posible interferir en la libertad de expresión, pero de acuerdo con los límites definidos por el legislador, y no por una decisión de la dirección de una empresa”. Aún más decisivo fue el Comisario de la UE para el Mercado Interior, Thierry Breton, que definió el acontecimiento como un hito en la relación entre la democracia y las plataformas digitales, comparándolo con el 11 de septiembre de 2001. Para el político francés, lo sucedido “no sólo es una confirmación del poder de estas plataformas, sino que también muestra profundas debilidades en la forma en que nuestra sociedad se organiza en el espacio digital”.

Hoy en día, las redes sociales son, sin duda, una herramienta de comunicación fundamental tanto en la esfera privada como en la pública. Por esta razón, el hecho de que los gestores de estas herramientas tengan el poder de ejercer un control absoluto sobre su contenido es, en efecto, preocupante. Los acontecimientos posteriores al atentado de Washington son, por lo tanto, una oportunidad clave para discutir un tema crucial que será cada vez más importante en los años venideros. Un mundo relativamente joven y en constante evolución como el de las redes sociales necesita sin duda alguna la elaboración de normas transparentes ad hoc para su regulación, como lo demuestra la demanda iniciada en Italia en 2019 por la eliminación por apología del fascismo de algunas páginas de Facebook de extrema derecha.

Y una buena señal en este sentido está representada, por ejemplo, por la Ley de Servicios Digitales, una propuesta de reglamentación de los contenidos en línea presentada el pasado 15 de diciembre por la Comisión Europea. La libertad de expresión sigue siendo uno de los pilares fundamentales de una sociedad democrática, y la regulación adecuada de las plataformas digitales es ahora esencial para su defensa.

por Giovanni Benedetti


L’evento senza precedenti che ha avuto luogo lo scorso 6 gennaio a Washington continua — giustamente — a essere al centro di accesi dibattiti. Le discussioni riguardano ogni aspetto dell’irruzione a Capitol Hill, dalle tragiche conseguenze degli scontri al comportamento delle forze dell’ordine al valore simbolico dell’evento. Ma, a distanza di alcuni giorni, il lato della vicenda che impegna nelle riflessioni più profonde riguarda i suoi riflessi nel mondo dei social network.

Nello specifico, la decisione presa lo scorso 8 gennaio dal consiglio di amministrazione di Twitter di bloccare in via definitiva l’account del presidente uscente Donald Trump «per il rischio di ulteriori incitamenti alla violenza» ha scatenato numerose reazioni in tutto il mondo. Prima di esprimere il suo supporto agli assalitori di Washington, Trump era già stato autore di numerosi tweet controversi, e il suo profilo contava quasi 89 milioni di followers.

Un provvedimento simile, sebbene meno drastico, è stato adottato anche dal ceo di Facebook Mark Zuckerberg, il quale ha deciso di bloccare per due settimane la pubblicazione di contenuti dal profilo di Trump. L’imprenditore digitale ha poi dichiarato che ritiene «semplicemente troppo grandi i rischi di consentire al presidente di continuare a usare il nostro servizio durante questo periodo», riferendosi alla transizione in corso fino al 20 gennaio, giorno dell’insediamento del nuovo presidente Joe Biden.

Le conseguenze di queste censure operate nei confronti del tycoon sono state molteplici: mentre le azioni dei social network hanno perso colpi a Wall Street (lo scorso 11 gennaio, Twitter ha chiuso in calo del 6,4%, arrivando anche a toccare picchi negativi dell’11%, e Facebook è arrivato al 4% in meno), altre piattaforme digitali meno note al grande pubblico come Reddit, Twitch e Discord hanno deciso di seguire le orme delle prime, disattivando gruppi e canali frequentati da sostenitori di Trump e caratterizzati dall’uso di linguaggio aggressivo e incitante all’odio e alla violenza.

Questa chiusura del mondo digitale nei confronti di Donald Trump ha però suscitato diversi interrogativi, la cui validità va oltre l’eccezionale scenario di emergenza. Primo fra tutti, è giusto che i social network, piattaforme private di proprietà di imprenditori, possano censurare un capo di Stato? A questo proposito è stata estremamente dura la reazione del cancelliere tedesco Angela Merkel, che ha condannato il blocco dell’account Twitter di Trump definendolo come «problematico». Il suo portavoce Steffen Seibert ha dichiarato che «è possibile interferire con la libertà di espressione, ma secondo i limiti definiti dal legislatore, e non per decisione di un management aziendale». Ancora più deciso è stato il Commissario Ue per il Mercato interno Thierry Breton, il quale ha definito l’accaduto come uno spartiacque nei rapporti fra la democrazia e le piattaforme digitali, paragonandolo per la sua portata addirittura all’11 settembre 2001. Per il politico francese, quanto accaduto «non solo è una conferma del potere di queste piattaforme, ma mostra anche profonde debolezze nel modo in cui la nostra società è organizzata nello spazio digitale».

Al giorno d’oggi, i social network rappresentano indubbiamente uno strumento di comunicazione fondamentale tanto nella sfera privata quanto in quella pubblica. Per questo motivo, il fatto che i gestori di questi strumenti abbiano la facoltà di esercitare un controllo assoluto sui loro contenuti appare effettivamente preoccupante. Quanto accaduto in seguito all’aggressione di Washington si presenta pertanto come un’occasione fondamentale per discutere di un tema di cruciale rilevanza, destinato ad acquistare un’importanza sempre maggiore negli anni a venire. Un mondo relativamente giovane e in costante evoluzione come quello dei social network necessita sicuramente dello sviluppo di norme trasparenti ad hoc per la sua regolamentazione, come dimostrato dalla causa legale scatenata in Italia nel 2019 dall’eliminazione per apologia al fascismo di alcune pagine Facebook di estrema destra.

E un buon segnale in questa direzione è rappresentato ad esempio dal Digital Services Act, una proposta di regolamentazione per i contenuti online presentata lo scorso 15 dicembre dalla Commissione europea. La libertà di espressione rimane uno dei pilastri fondamentali della società democratica, e una disciplina adeguata delle piattaforme digitali è ormai imprescindibile per la sua difesa.

di Giovanni Benedetti


O evento sem precedentes que ocorreu em 6 de janeiro em Washington continua – e com razão – a ser o foco de um debate acalorado. As discussões dizem respeito a todos os aspectos da incursão no Capitólio, desde as trágicas conseqüências dos confrontos até o comportamento da polícia e o valor simbólico do evento. Mas, alguns dias depois, o lado da história que se envolve nas reflexões mais profundas diz respeito a suas reflexões no mundo das redes sociais.

Especificamente, a decisão tomada em 8 de janeiro pela diretoria do Twitter de bloquear permanentemente a conta do presidente cessante Donald Trump “pelo risco de mais incitação à violência” desencadeou numerosas reações ao redor do mundo. Antes de expressar seu apoio aos atacantes de Washington, Trump já havia sido autor de inúmeros tweets controversos, e seu perfil tinha quase 89 milhões de seguidores.

Uma medida semelhante, embora menos drástica, também foi tomada pelo CEO do Facebook Mark Zuckerberg, que decidiu bloquear a publicação de conteúdo do perfil do Trump por duas semanas. O empresário digital declarou então que considera “simplesmente um risco muito grande para permitir que o presidente continue a usar nosso serviço durante este período”, referindo-se à transição em curso até 20 de janeiro, dia da posse do novo presidente Joe Biden.

As conseqüências dessas censuras contra o magnata foram múltiplas: enquanto as ações das redes sociais perderam greves em Wall Street (em 11 de janeiro, o Twitter fechou em 6,4%, atingindo picos negativos de 11%, e o Facebook alcançou 4% menos), outras plataformas digitais menos conhecidas do público em geral, como Reddit, Twitch e Discord, decidiram seguir os passos dos primeiros, desativando grupos e canais freqüentados pelos adeptos do Trump e caracterizados pelo uso de linguagem agressiva e incitando ao ódio e à violência.

No entanto, este fechamento do mundo digital em direção a Donald Trump levantou várias questões, cuja validade vai além do cenário de emergência excepcional. Em primeiro lugar, é correto que as redes sociais, plataformas privadas pertencentes a empresários, possam censurar um chefe de Estado? A este respeito, a reação da chanceler alemã Angela Merkel foi extremamente dura, condenando o bloqueio da conta do Trump no Twitter e descrevendo-a como “problemática”. Seu porta-voz Steffen Seibert declarou que “é possível interferir na liberdade de expressão, mas de acordo com os limites definidos pelo legislador, e não por uma decisão de uma administração corporativa”. Ainda mais decisivo foi o Comissário da UE para o Mercado Interno Thierry Breton, que definiu o evento como um divisor de águas na relação entre democracia e plataformas digitais, comparando-o ao 11 de setembro de 2001. Para o político francês, o que aconteceu “não é apenas uma confirmação do poder destas plataformas, mas também mostra profundas fraquezas na forma como nossa sociedade está organizada no espaço digital”.

Atualmente, as redes sociais são sem dúvida uma ferramenta fundamental de comunicação tanto na esfera pública quanto na privada. Por esta razão, o fato de que os gerentes destas ferramentas têm o poder de exercer um controle absoluto sobre seu conteúdo é realmente preocupante. Os eventos que se seguiram ao ataque em Washington são, portanto, uma oportunidade chave para discutir uma questão crucial que se tornará cada vez mais importante nos próximos anos. Um mundo relativamente jovem e em constante evolução como as redes sociais certamente precisa do desenvolvimento de regras ad hoc transparentes para sua regulamentação, como demonstrado pelo processo iniciado na Itália em 2019 pela eliminação da apologia ao fascismo de algumas páginas de extrema-direita do Facebook.

E um bom sinal nessa direção é representado, por exemplo, pela Lei de Serviços Digitais, uma proposta regulatória de conteúdo online apresentada em 15 de dezembro passado pela Comissão Européia. A liberdade de expressão continua sendo um dos pilares fundamentais de uma sociedade democrática, e uma regulamentação adequada das plataformas digitais é agora essencial para sua defesa.

por Giovanni Benedetti

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