Pope Francis on Mother Cabrini: “This was a really valiant woman!” 

On Wednesday, September 16, I had the great grace of participating in the General Audience of the Holy Father which is usually held in the courtyard of San Damasus. His catechesis was on the burning topic of “care” nowadays; not only on the care of people but also on the care of what he calls ¨our common home”, the world. I will share with you some of the passages: 

To emerge from a pandemic, we need to look after and care for each other. And we must support those who care for the weakest, the sick and the elderly. There is the tendency to cast the elderly aside, to abandon them: this is bad. These people — well defined by the Spanish term cuidadores (caretakers), those who take care of the sick — play an essential role in today’s society, even if they often do not receive the recognition and recompense they deserve. Caring is a golden rule of our nature as human beings, and brings with it health and hope (cf. Encyclical Laudato Si’ [LS], 70). Taking care of those who are sick, of those who are in need, of those who are cast aside: this is a human and also Christian wealth. We must also extend this care to our common home: to the earth and to every creature. All forms of life are interconnected (cf. ibid., 137-138), and our health depends on that of the ecosystems that God created and entrusted to us to care for (cf. Gen 2:15). Abusing them, on the other hand, is a grave sin that damages, harms and sicken  (cf. LS, 8; 66). The best antidote against this misuse of our common home is contemplation (cf. ibid., 85, 214).                                                                                      

(…) 

 

Therefore, it is important to recover the contemplative dimension, that is, to look at the earth, creation, as a gift, not as something to exploit for profit. When we contemplate, we discover in others and in nature something much greater than their usefulness. Here is the heart of the issue: contemplating is going beyond the usefulness of something. Contemplating the beautiful does not mean exploiting it: contemplating is free. We discover the intrinsic value of things given to them by God. As many spiritual masters have taught, the heavens, the earth, the sea, and every creature possess this iconic capacity, this mystical capacity to bring us back to the Creator and to communion with creation. For example, Saint Ignatius of Loyola, at the end of his Spiritual Exercises, invites us to carry out “Contemplation to attain love”, that is, to consider how God looks at his creatures and to rejoice with them; to discover God’s presence in his creatures and, with freedom and grace, to love and care for them. We cannot expect to continue to grow on a material level, without taking care of the common home that welcomes us. Our poorest brothers and sisters and our mother earth groan for the damage and injustice we have caused, and demand we take another course. They demand of us a conversion, a change of path, taking care of the earth too, of creation”. 

(…) 

Lastly, contemplating, and caring: these are two attitudes that show the way to correct and re-balance our relationship as human beings with creation”. (cfr. POPE FRANCIS, General Audience San Damaso courtyard 
Wednesday, 16 September 2020) 

Listening to the Holy Father, I cannot help but associate his words with the spirit of our Mother, who lived contemplation deeply, knowing that it was the way to realize good works; for her, contemplation was the highest point from which give sense and value to the active life. So, action was not mere action or good, simply good; they were an act of love coming from communion with God and directed to the Creation. 

At the end of the audience, the Holy Father began greeting the faithful people present, and when he stopped in front of meand recognized me, I was able to give him the new DVD that  tells the life of Mother Cabrini in four languages. I was very moved. He held the DVD in his hand, and I asked him to bless our Institute, remembering how the Holy Mother appreciated the papal blessing. While blessing the DVD and seeing Mother Cabrini on the cover he said to me: “This was a really valiant woman!” 

May this blessing, dear Sisters and Laity, strengthen us and give us the courage that the Holy Father sees in our Mother. May it lead us from contemplation to action filled with love for our brothers and sisters and for our “common home”.  

                                                Stella Maris Elena MSC, Assistant General 


 

El miércoles 16 de septiembre tuve la gracia enorme de participar de la audiencia general del Santo Padre que habitualmente se celebra en el patio de San Dámaso. Su catequesis se desarrolló sobre el tema tan candente hoy del cuidado; pero no solamente sobre el cuidado de las personas sino también sobre el cuidado de lo que él llama ¨nuestra casa común”, el mundo. Les comparto algunos de los pasajes: 

 

Para salir de una pandemia, es necesario cuidarse y cuidarnos mutuamente. También debemos apoyar a quienes cuidan a los más débiles, a los enfermos y a los ancianos. Existe la costumbre de dejar de lado a los ancianos, de abandonarlos: está muy mal. Estas personas —bien definidas por el término español “cuidadores”—, los que cuidan de los enfermos, desempeñan un papel esencial en la sociedad actual, aunque a menudo no reciban ni el reconocimiento ni la remuneración que merecen. El cuidado es una regla de oro de nuestra humanidad y trae consigo salud y esperanza (cf. Enc. Laudato si’ [LS], 70). Cuidar de quien está enfermo, de quien lo necesita, de quien ha sido dejado de lado: es una riqueza humana y también cristiana. Este cuidado abraza también a nuestra casa común: la tierra y cada una de sus criaturas. Todas las formas de vida están interconectadas (cf. ibíd., 137-138), y nuestra salud depende de la de los ecosistemas que Dios ha creado y que nos ha encargado cuidar (cf. Gn 2, 15). Abusar de ellos, en cambio, es un grave pecado que daña, que perjudica y hace enfermar (cf. LS, 8; 66). El mejor antídoto contra este abuso de nuestra casa común es la contemplación (cf. ibíd., 85; 214)”. 

(…)  

“Es importante, pues, recuperar la dimensión contemplativa, es decir mirar la tierra y la creación como un don, no como algo que explotar para sacar beneficios. Cuando contemplamos, descubrimos en los demás y en la naturaleza algo mucho más grande que su utilidad. He aquí la clave del problema: contemplar es ir más allá de la utilidad de una cosa. Contemplar la belleza no significa explotarla: contemplar es gratuidad. Descubrimos el valor intrínseco de las cosas que les ha dado Dios. Como muchos maestros espirituales han enseñado, el cielo, la tierra, el mar, cada criatura posee esta capacidad icónica, esta capacidad mística para llevarnos de vuelta al Creador y a la comunión con la creación. Por ejemplo, San Ignacio de Loyola, al final de sus Ejercicios Espirituales, nos invita a la “Contemplación para alcanzar amor”, es decir, a considerar cómo Dios mira a sus criaturas y a regocijarse con ellas; a descubrir la presencia de Dios en sus criaturas y, con libertad y gracia, a amarlas y cuidarlas..) No podemos esperar seguir creciendo a nivel material, sin cuidar la casa común que nos acoge. Nuestros hermanos y hermanas más pobres y nuestra madre tierra gimen por el daño y la injusticia que hemos causado y reclaman otro rumbo. Reclaman de nosotros una conversión, un cambio de ruta: cuidar también de la tierra, de la creación”. 

(…) 

En fin, contemplar y cuidar: ambas actitudes muestran el camino para corregir y reequilibrar nuestra relación como seres humanos con la creación” . (Cfr.PAPA FRANCISCO, Audiencia General, Patio de San Dámaso, 16 de septiembre de 2020). 

Oyendo al Santo Padre no pude menos que asociar sus palabra con el espíritu de nuestra Madre, que vivió la contemplación profundamente sabiendo que era el medio para poder realizar las buenas obras; para ella la contemplación era el punto más elevado desde donde se le daba sentido y valor a la vida activa. Así, la acción no era mera acción ni el bien, simplemente bien; eran un acto de amor nacido de la comunión con Dios y volcado hacia lo creado. 

Terminada la catequesis, el Santo Padre comenzó su saludo a los fieles presentes, y al llegar al lugar en que yo estaba, me reconoció, se detuvo y pude entregarle el nuevo DVD que en cuatro idiomas, relata la vida de la Madre. Mi emoción fue enorme. Él retuvo en sus manos el DVD y yo le pedí, también recordando cómo la Santa Madre valoraba la bendición papal, que bendijera al Instituto. Así lo hizo, y al mirar la caja que le había entregado y ver el nombre de la Madre, me dijo: “¡Ésta sí que era valiente!” 

Que esta bendición, queridas Hermanas y Laicos, nos fortalezca e infunda la valentía que el Santo Padre admira en nuestra Madre. Que nos lleve de la contemplación a una acción cargada de amor hacia el prójimo y hacia nuestra “casa común”.  

                                                Hna. Stella Maris Elena MSC, Assistente General 


Mercoledì 16 settembre ho avuto la grazia di partecipare all’udienza generale del Santo Padre, che abitualmente si tiene nel Cortile San Damaso, all’interno del Vaticano. La sua catechesi ha trattato un tema molto sentito nei nostri giorni ovvero la “Cura”; egli non solo ha fatto riferimento alla cura verso le persone, ma anche verso la nostra casa comune”, la terra. Condivido con voi alcuni passaggi: 

 

Per uscire da una pandemia, occorre curarsi e curarci a vicenda. E bisogna sostenere chi si prende cura dei più deboli, dei malati e degli anziani. C’è l’abitudine di lasciare da parte gli anziani, di abbandonarli: è brutto, questo. Queste persone – ben definite dal termine spagnolo “cuidadores”, coloro che si prendono cura degli ammalati – svolgono un ruolo essenziale nella società di oggi, anche se spesso non ricevono il riconoscimento e la rimunerazione che meritano. Il prendersi cura è una regola d’oro del nostro essere umani, e porta con sé salute e speranza (cfr. Enc. Laudato ’ [LS], 70). Prendersi cura di chi è ammalato, di chi ha bisogno, di chi è lasciato da parte: questa è una ricchezza umana e anche cristiana. Questa cura, dobbiamo rivolgerla anche alla nostra casa comune: alla terra e ad ogni creatura. Tutte le forme di vita sono interconnesse (cfr. ibid., 137-138), e la nostra salute dipende da quella degli ecosistemi che Dio ha creato e di cui ci ha incaricato di prenderci cura (cfr. Gen. 2,15). Abusarne, invece, è un peccato grave che danneggia, che fa male e che fa ammalare (cfr. LS, 8; 66). Il migliore antidoto contro questo uso improprio della nostra casa comune è la contemplazione (cfr. ibid., 85; 214).  

(…)  

“Dunque, è importante recuperare la dimensione contemplativa, cioè guardare la terra, il creato come un dono, non come una cosa da sfruttare per il profitto. Quando contempliamo, scopriamo negli altri e nella natura qualcosa di molto più grande della loro utilità. Qui è il nocciolo del problema: contemplare è andare oltre l’utilità di una cosa. Contemplare il bello non vuol dire sfruttarlo: contemplare è gratuità. Scopriamo il valore intrinseco delle cose conferito loro da Dio. Come hanno insegnato tanti maestri spirituali, il cielo, la terra, il mare, ogni creatura possiede questa capacità iconica, questa capacità mistica di riportarci al Creatore e alla comunione con il creato. Ad esempio, Sant’Ignazio di Loyola, alla fine dei suoi Esercizi spirituali, invita a compiere la “Contemplazione per giungere all’amore”, cioè a considerare come Dio guarda le sue creature e gioire con loro; a scoprire la presenza di Dio nelle sue creature e, con libertà e grazia, amarle e prendersene cura… Non possiamo pretendere di continuare a crescere a livello materiale, senza prenderci cura della casa comune che ci accoglie. I nostri fratelli più poveri e la nostra madre terra gemono per il danno e l’ingiustizia che abbiamo provocato e reclamano un’altra rotta. Reclamano da noi una conversione, un cambio di strada: prendersi cura anche della terra, del creato”. 

(…) 

Infine, contemplare e prendersi cura: ecco due atteggiamenti che mostrano la via per correggere e riequilibrare il nostro rapporto di esseri umani con il creato. “ . (Cfr. PAPA FRANCESCO, Udienza GeneraleCortile San Damaso, 16 settembre 2020).  

Ascoltando il Santo Padre, non ho potuto fare a meno di associare le sue parole allo spirito della nostra Madre, che viveva profondamente la contemplazione, sapendo che era il mezzo per compiere opere buone; per lei la contemplazione era il punto più alto da cui trarre il senso e il valore della vita attiva. Pertanto, l’azione non era una mera azione, né il bene era semplicemente bene; era un atto d’amore nato dalla comunione con Dio e rivolto verso il creato.  

Dopo la catechesi, il Santo Padre ha iniziato a salutare i fedeli presenti, e quando è giunto nel luogo dove mi trovavo, mi ha riconosciuta, si è fermato e ho potuto dargli il nuovo DVD che, in quattro lingue, racconta la vita della Madre. La mia emozione è stata enorme. Egli ha tenuto in mano il DVD e io gli ho chiesto, ricordando come la Santa Madre teneva in grande considerazione la benedizione papale, di benedire l’Istituto. E così ha fatto, e quando ha guardato il cofanetto che gli avevo porto e ha visto il nome della Madre, mi ha detto:  “Questa sì che è stata coraggiosa! 

Che questa benedizione, care Sorelle e Laici, ci rafforzi e infonda il coraggio che il Santo Padre nutre verso la nostra Madre. Che ci conduca dalla contemplazione all’azione carica di amore per il nostro prossimo e per la nostra “casa comune”. 

                                                Sr. Stella Maris Elena MSC, Assistente Generale 


 

Na quarta-feira, 16 de setembro, tive a grande graça de participar da Audiência Geral do Santo Padre, que costuma ser realizada no pátio de São Dâmaso. Sua catequese foi sobre o tema candente do “cuidado”; não só no cuidado com as pessoas, mas também no cuidado do que ele chama de “nossa casa comum”, o mundo. Compartilho aqui, partes de Sua fala: 

“Para sair de uma pandemia, precisamos cuidar e cuidar uns dos outros. E devemos apoiar aqueles que cuidam dos mais fracos, os enfermos e os idosos. Existe a tendência de jogar os idosos de lado, de abandoná-los: isso é ruim. Essas pessoas – bem definidas pelo termo espanhol cuidadores, que cuidam dos enfermos – desempenham um papel fundamental na sociedade atual, ainda que muitas vezes não recebam o reconhecimento e a recompensa que merecem. Cuidar é uma regra de ouro de nossa natureza como seres humanos e traz consigo saúde e esperança (cf. Encíclica Laudato Si ’[LS], 70). Cuidar dos doentes, dos necessitados, dos rejeitados: esta é uma riqueza humana e também cristã. Devemos estender este cuidado também em relação à nossa casa comum: à terra e a todas as criaturas. Todas as formas de vida estão interligadas (cf. ibid., 137-138), e a nossa saúde depende da dos ecossistemas que Deus criou e nos confiou para cuidar (cf. Gn 2, 15). O abuso deles, por outro lado, é um pecado grave que prejudica, danifica e adoece (cf. LS, 8; 66). O melhor antídoto contra este mau uso da nossa casa comum é a contemplação (cf. ibid., 85, 214).(…) 

 

Portanto, é importante recuperar a dimensão contemplativa, ou seja, olhar a terra, a criação, como um dom, não como algo a ser explorado com fins lucrativos. Quando contemplamos, descobrimos nos outros e na natureza algo muito maior do que sua utilidade. Aqui está o cerne da questão: contemplar é ir além da utilidade de algo. Contemplar o belo não significa explorá-lo: contemplar é gratuito. Descobrimos o valor intrínseco das coisas que Deus lhes deu. Como muitos mestres espirituais ensinaram, os céus, a terra, o mar e todas as criaturas possuem essa capacidade icônica, essa capacidade mística de nos trazer de volta ao Criador e à comunhão com a criação. Por exemplo, Santo Inácio de Loyola, no final dos seus Exercícios Espirituais, nos convida a realizar “Contemplação para chegar ao amor”, isto é, considerar como Deus olha para as suas criaturas e alegrar-se com elas; descobrir a presença de Deus em suas criaturas e, com liberdade e graça, amá-las e cuidar delas. Não podemos esperar crescer no plano material, sem cuidar da casa comum que nos acolhe. Nossas/os irmãs e irmãos mais pobres e nossa mãe terra gemem pelos danos e injustiças que causamos e exigem que tomemos outro curso. Exigem de nós uma conversão, uma mudança de caminho, cuidando também da terra, da criação ”. (…) 

Por fim, contemplar e cuidar: são duas atitudes que mostram o caminho para corrigir e reequilibrar a nossa relação de ser humano com a criação ”. (cfr. PAPA FRANCIS, Audiência Geral Pátio de San Damaso. Quarta-feira, 16 de setembro de 2020 

Ouvindo o Santo Padre, não posso deixar de associar as suas palavras ao espírito de nossa Madre, que viveu profundamente a contemplação, sabendo que era a forma de realizar as boas obras; para ela, a contemplação era o ponto alto a partir do qual dar sentido e valor à vida ativa. Portanto, a ação não era mera simplesmente ação boa; era um ato de amor vindo da comunhão com Deus, direcionado para a Criação. 

No final da audiência, o Santo Padre começou a saudar os fiéis presentes e, quando parou diante de mim e me reconheceu, pude entregar-lhe o novo DVD que conta a vida de Madre Cabrini em quatro línguas. Fiquei muito emocionada. Ele segurava o DVD nas mãos e pedi-lhe que abençoasse nosso Instituto, lembrando como a Santa Madre apreciava a bênção papal. Ao abençoar o DVD e ver a Madre Cabrini na capa, ele me disse: “Essa mulher era realmente audaciosa!” 

Que esta bênção, queridas Irmãs e Leigas/os, nos fortaleça e nos dê a coragem que o Santo Padre vê em nossa Madre. Que nos leve da contemplação à ação plena de amor pelas/os irmãs/os e pela nossa “casa comum“.                                               

Ir. Stella Maris Elena MSC, Assistente Geral 

 

 

 

 

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