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La nostra Congregazione

24 julio 2026

Cuidarnos para poder cuidar: salud mental en trabajadores de la salud

Cuidarnos para poder cuidar: salud mental en trabajadores de la salud

Hoy queremos hablar de un tema fundamental: cómo el trabajo en primera línea impacta nuestra salud mental y qué podemos hacer, de forma sencilla y accesible, para cuidarnos mejor, especialmente en contextos de alta demanda.

La salud mental es importante para todos, pero para quienes trabajamos en este ámbito es crítica. A diario estamos expuestos a una alta carga emocional, en contacto constante con el dolor y el sufrimiento de otras personas. En muchos de nuestros países, este desafío se intensifica, ya que trabajamos con comunidades que enfrentan condiciones de gran adversidad.

A esto se suma una alta carga laboral. Las jornadas suelen ser largas y es fácil entrar en un ritmo de dar continuamente, sin hacer pausas para recargarnos. Muchas veces seguimos hasta sentirnos completamente agotados. Además, culturalmente hemos aprendido a resistir, a ser fuertes y a seguir adelante sin detenernos, dejando poco espacio para el autocuidado.

Por eso, el autocuidado no es un lujo: es una necesidad. Es la única forma de poder seguir ofreciendo lo mejor de nosotros mismos a nuestros pacientes y sus familias.

Entender el estrés para poder gestionarlo

El estrés es una respuesta psicológica normal y necesaria. De hecho, es útil: nos prepara para responder ante amenazas. Sin embargo, no estamos diseñados para sostener niveles altos de estrés durante largos periodos.

Aunque a veces sentimos que rendimos mejor bajo presión, con el tiempo el estrés sostenido nos lleva a la fatiga y al agotamiento. Por eso es clave reconocer nuestros niveles de estrés y actuar antes de quedarnos sin recursos.

Como trabajadores de la salud, estamos especialmente expuestos: sobrecarga laboral, jornadas extensas, contacto constante con el trauma, el duelo y el sufrimiento humano, muchas veces con recursos limitados. A esto se suman nuestras propias demandas personales, familiares y económicas.

 

Cuando los recursos se agotan: burnout y fatiga por compasión

El agotamiento no ocurre de un día para otro. Generalmente afecta tres áreas: la física, la psicológica y la cognitiva. Cuando estos “tanques” se vacían, aparece el burnout.

El burnout es un estado de agotamiento extremo asociado al estrés crónico. Puede manifestarse con dificultades para dormir, problemas de concentración, pérdida de motivación, fallas de memoria e incluso dificultad para tomar decisiones.

Otro fenómeno frecuente es la fatiga por compasión. Ocurre cuando nuestro “tanque emocional” se vacía: nos cuesta conectar empáticamente, nos volvemos irritables y empezamos a sentir a los pacientes como una carga. En este punto, lo más importante es recargar ese tanque emocional.

Estas experiencias son comunes. La gran mayoría de los trabajadores de la salud las ha vivido en algún momento, especialmente en contextos exigentes como la pandemia.

 

El impacto del trauma secundario

Además, estamos expuestos al trauma de otras personas de forma constante. Esto se conoce como trauma secundario. A pesar de contar con herramientas clínicas, muchas veces no es suficiente para evitar su impacto.

Podemos empezar a presentar síntomas similares a los de nuestros pacientes: irritabilidad, tristeza, sensación de vacío, dolores físicos, problemas de sueño o dificultades en el trabajo como errores o desconexión emocional.

Muchas veces estos signos se normalizan como “parte del trabajo”, pero no deberían serlo. Reconocerlos a tiempo es clave para poder intervenir.

La ventana de tolerancia: una herramienta para entendernos

Cuando el estrés y el trauma se acumulan, entramos en estados de desregulación emocional. Aquí es útil el concepto de la ventana de tolerancia.

  • Cuando estamos dentro de esta ventana, podemos manejar nuestras emociones, pensar con claridad y funcionar adecuadamente.
  • Cuando salimos de ella, podemos ir hacia: 
    • Hiperactivación: ansiedad intensa, impulsividad, sobrecarga emocional.
    • Hipoactivación: desconexión, apatía, adormecimiento emocional.

El estrés sostenido hace que esta ventana se vuelva más estrecha, por lo que es más fácil desregularnos. Por eso, es importante no solo notar cuándo estamos fuera de ella, sino también trabajar en ampliarla.

 

Estrategias simples para el día a día

Pequeñas acciones, sostenidas en el tiempo, pueden ayudarnos a regular nuestro sistema nervioso y volver a un estado de equilibrio.


A nivel individual:

  • Respirar conscientemente: es una de las herramientas más efectivas para regular el sistema nervioso.
  • Hacer pausas breves durante la jornada.
  • Bajar la autoexigencia interna y practicar la autocompasión.
  • Hidratarse adecuadamente.
  • Chequeo corporal: preguntarnos “¿cómo está mi cuerpo hoy?”.
  • Nombrar lo que sentimos, ya que poner en palabras las emociones ayuda a procesarlas.

A nivel de equipo:

  • Fomentar espacios de conversación y apoyo entre compañeros.
  • Hacer pausas compartidas, como una merienda o reunión breve.
  • Preguntar genuinamente “¿cómo estás?” y escuchar.

A nivel institucional:

  • Promover espacios de reflexión y autocuidado.
  • Favorecer la flexibilidad en las demandas cuando sea posible.
  • Liderar con el ejemplo, mostrando empatía y cuidado hacia los equipos.

 

Apoyarnos en lo que ya tenemos

Nuestra cultura Latina también es una fuente importante de recursos. La conexión emocional, la expresión de afecto, la música, el baile, la comida y los rituales son formas valiosas de recargarnos.

Somos resilientes, pero es importante reconocerlo y utilizar estos recursos de manera intencional.

 

Pedir ayuda también es parte del cuidado

Habrá momentos en los que, a pesar de nuestros esfuerzos, los recursos no alcancen. En esos casos, pedir ayuda no es una debilidad, sino una necesidad.

El apoyo profesional, el acompañamiento psicológico y la comunidad pueden ser claves para recuperar el equilibrio y fortalecer nuestra capacidad de afrontar las demandas.

 

Para cerrar

Cuidarnos no es opcional. Es una condición necesaria para poder seguir cuidando a otros.

Pequeñas acciones, repetidas en el tiempo, pueden marcar una gran diferencia. Y recordar que no estamos solos en esto, que el apoyo y la conexión también son parte del cuidado.

 

 

Gracias a la Cabrini Global Health Commission por este artículo.

COMENTARIOS

Linda Kaldestad

24 julio 2026 - 21:31

Writing and making available this article is a deeply compassionate act! It is so needed, whether for the Cabrini Community members, people we know in high-stress, caregiving professions, or for our individual lives, this is so very helpful! And, written so clearly and well!