Dios eterno, fuente de justicia, misericordia y amor infinito, nos presentamos ante Ti con el corazón apesadumbrado, lamentando las innumerables vidas robadas, despojadas de su dignidad y con la esperanza empañada por la oscuridad de la trata de personas. Señor, Tú ves cada lugar oculto, cada habitación cerrada con llave, cada sombra donde prospera la explotación. Tú conoces los nombres, los rostros y las historias de cada persona atrapada en el miedo y la opresión. Te los entregamos ahora: los que están desaparecidos, los que están silenciados, los que claman en la quietud de sus almas. Rompe las cadenas, oh Dios.
Destruye los sistemas de codicia, corrupción y violencia que permiten que este mal persista.
Expone a los traficantes, desmantela sus redes y llévalos rápidamente ante la justicia. Derrama valor sobre los sobrevivientes, para que puedan encontrar seguridad, sanación y restauración.
Rodéalos de personas que los protejan, los escuchen y caminen con ellos hacia la libertad.
Sana las heridas que nadie más puede ver: las profundas cicatrices del miedo, la vergüenza y la traición. Fortalece a quienes están en primera línea: los trabajadores de rescate, las fuerzas del orden, los defensores y los consejeros.
Dales sabiduría, resistencia y compasión para perseverar en esta lucha. Que su trabajo sea fructífero y que sus corazones estén protegidos de la desesperación. Señor, mueve nuestros corazones a la acción. No permitas que nos apartemos con comodidad o indiferencia.
Enséñanos a hablar por los que no tienen voz, a detectar los signos de explotación y a utilizar nuestros recursos, influencia y oraciones para llevar la luz a los lugares más oscuros. Amén.
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