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Uganda

15 junio 2026

Sembrando semillas de esperanza en lugares donde la desesperanza intentaba crecer

Sembrando semillas de esperanza en lugares donde la desesperanza intentaba crecer

Hoy me presento ante ustedes, no como alguien que ha recibido amor cuando la vida casi le había arrebatado la esperanza. Me presento aquí con gratitud en mi corazón, un corazón que antes estaba cargado de dolor, un corazón que conoció el hambre, el miedo y la soledad. Pero que ahora conoce la bondad, la misericordia y el cariño.

Soy huérfano, soy refugiado, sé lo que significa buscar la paz en un mundo quebrantado. Conozco el silencio de la ausencia de los padres. Conozco el dolor de preguntarme si mañana será mejor que hoy. Sé lo que se siente al llevar lágrimas que nadie puede ver.

Sin embargo, incluso en la oscuridad, Dios envía luz. Y para mí, la luz llegó a través de las Hermanas Cabrini.

A través de sus manos, Dios nos alcanzó con su bondad; Dios se acordó de nosotros. A través de sus sacrificios, Dios nos susurró suavemente: «No están olvidados».

Cuando las cuotas escolares se volvieron imposibles de pagar, ellas nos abrieron las puertas de la educación. Cuando los cuadernos y los bolígrafos eran solo un sueño, ellas pusieron materiales escolares en nuestras manos. Cuando el camino parecía demasiado difícil, ellas caminaron a nuestro lado. No porque tuvieran que hacerlo, sino porque el amor vive dentro de ellas.

El amor de Cristo, el espíritu de Santa Francisca Javier Cabrini. La Madre Cabrini viajó desde su hogar para servir a los pobres, cruzó océanos con valentía. Llevaba una fe más fuerte que el miedo. Y aún hoy, su misión sigue viva.


Vive en cada hermana que consuela a un niño, en cada acto de generosidad. En cada cuota escolar pagada; en cada libro entregado. En cada oración que se reza por nosotros.

 

Queridas Hermanas de Cabrini, gracias por creer en nosotros. Incluso cuando fue difícil. Gracias por cada sacrificio, cada oración, cada sonrisa, cada momento en el que decidieron servir a los demás.

 

Gracias por sembrar semillas de esperanza en lugares donde la desesperanza intentaba crecer. Gracias por elegir el servicio en lugar de la comodidad. Gracias por amarnos sin esperar nada a cambio. Que Dios bendiga las obras de sus manos.

 

Y por nuestra parte, prometemos trabajar duro, prometemos honrar esta oportunidad; el amor debe continuar, la esperanza debe continuar. Y algún día, nosotros también nos convertiremos en la luz en la oscuridad de alguien.

 

Hoy celebramos la gratitud. No solo con palabras, sino con el corazón lleno de agradecimiento. Y desde lo más profundo de mi alma, en nombre de muchos niños como yo.

 

Gracias, Hermanas Cabrini. Gracias por convertirte en una bendición en nuestras vidas.

 

¡Gracias a sacredheartcabrini.org por este artículo!

 

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