Gracias a la presidenta Antonietta Scopelliti y a algunos amigos, tuve la oportunidad de conocer mejor esta realidad, de ir sumergiéndome en ella poco a poco, a través de encuentros, intercambios y momentos de compartir. Antonietta, con su profundo carisma y su dedicación, me ha formado con el tiempo, transmitiéndome algo que no se puede explicar de inmediato: es un sentimiento, un llamado a hacer el bien sin reservas, a ponerse al servicio de los demás con el corazón abierto. Fue gracias a ella que empecé a comprender que en esta asociación hay algo único, algo que va más allá del simple voluntariado. Esta asociación está animada
 
por una voluntad firme: la de no dejar a nadie atrás, de no hacer que nadie se sienta diferente o excluido.
 
Y vivir esto en una ciudad como Palma di Montechiaro, que acoge cada día a tantos migrantes que llegan con esperanza y miedo, fue para mí una llamada fuerte y clara. Me sentí llamado por el espíritu de la misión cabriniana, esa misma fuerza que impulsó a Santa Francesca a dedicar su vida a los últimos, a los excluidos,
 
a los más frágiles.
La formación con la hermana Assunta y la hermana Maria Regina Canale, llevada a cabo en Marina di Alma durante el campamento juvenil, fue otro paso fundamental para mí. Gracias a ellas pude adentrarme en el corazón de la misión cabriniana, aprendiendo a
 
conocer no solo la vida de Santa Francisca Cabrini, sino también su proyecto de fe y caridad que continúa aún hoy, encarnado en cada gesto y en cada iniciativa de la asociación. A lo largo de los años, entre las experiencias que he vivido con la asociación, se encuentra el
 
programa de apoyo escolar para niños rumanos y de Palma, una actividad que también incluyó encuentros y trabajo con las familias rumanas y africanas. En esos momentos pude ver lo fundamental que es ofrecer cercanía, apoyo y asistencia a quienes, lamentablemente, están lejos de sus seres queridos y de su tierra. Escuchar, compartir momentos de serenidad y construir relaciones de confianza con los
 
niños africanos del centro Oasi Madre Cabrini y con sus familias ha sido y sigue siendo un aspecto esencial de nuestra misión, porque no se trata solo de ayudar materialmente, sino de hacer sentir a estas personas que no están solas, que hay alguien
 
que las apoya y las acompaña en su camino de integración y de nueva vida. También ha sido importante la participación en las visitas a los ancianos en los hogares de ancianos, que cada Navidad y Pascua toda la asociación lleva a cabo para llevar un saludo, una sonrisa y un momento de consuelo a quienes a menudo viven en soledad.
 
 
 
 
 
 
 
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